martes, 12 de mayo de 2020

Contradicciones e incongruencias de las Sociedades de Libre Mercado


Es bien cierto que las sociedades de libre mercado han desarrollado un impresionante sistema económico de producción, cuya misión parece ser la de dar (supuestamente) un bienestar en servicios y crear una sociedad opulenta en la que se genere el mayor consumo posible.
Por otro lado, la excesiva competitividad (que personalmente considero mal entendida) ha generado una tecnología sofisticada que ha suplido parte de la mano de obra humana, con lo cual estas sociedades han generado un capitalismo salvaje cuyas contradicciones, problema e incongruencias, lejos de asfixiarle, engendran más capitalismo salvaje.
Lo que no han logrado todavía estas sociedades (ni creo que lo logren nunca) ha sido garantizar a sus ciudadanos una cierta calidad de vida. Pues es comprobado y sabido que en dichas sociedades existe un número de personas (a veces grandísimo) que sufren las consecuencias sociales de vivir en unas sociedades donde “todo es posible pero nada está garantizado”.
Estas sociedades se jactan, vanaglorian y presumen de una fama (justamente inmerecida) de ser sociedades democráticas, cuando la auténtica y verdadera democracia está por los suelos; de ser sociedades “libres” (cuando en realidad la libertad es una utopía, ya que la libertad ni existió, ni existe ni existirá nunca, ni en democracia ni en dictadura); de ser sociedades “igualitarias” (cuando la igualdad es otra utopía). Los representantes gubernamentales o de partidos políticos de semejantes sociedades afirman que representan los derechos humanos, pero la realidad es que se violan impunemente, directa o indirectamente los más elementales derechos de todo ser humano. Ejemplo: el derecho al trabajo, base de la libertad individual.
La política de bienestar social no se ve ni por el forro. Disminuidos físicos y enfermos se ven obligados a “mendigar”, si quieren o pretenden sobrevivir (malviviendo, naturalmente) y porque el gobierno y sus instituciones no le atienden en sus necesidades básicas (sociales, económicas y laborales) adecuada y acertadamente. En este tema seguimos, desgraciadamente, a finales del siglo XX, anclados en el darwinismo social.
Los países hasta hace poco tiempo que se les suponía socialistas o comunistas (como prefieran) cambiaron su antiguo sistema económico-político-social por el capitalismo. Creyeron (no todos) que, cambiando socialismos (real) por capitalismo, el milagro estaba hecho y consideraron que dicho sistema sería su salvación humana. Muchos ciudadanos se han dado rápidamente cuenta de que en el capitalismo tampoco existe auténtica libertad. Lo que ocurre es que les han vendido un capitalismo de escaparate y del american way of life (modo de vida americano).
Naturalmente que los problemas de cualquier sistema social y de no importa qué sociedad, no residen intrínsicamente en el sistema en sí, sino más bien en los representantes gubernamentales encargados de llevarlo a la práctica (y no simple teoría). Por eso, yo afirmo que, con frecuencia, la base de la injusticia social tiene sus raíces en la propia injusticia gubernamental.
Si somos buenos y objetivos observadores, nos daremos cuenta en seguida que en las sociedades ex comunistas o socialistas han aparecido automáticamente todos los fenómenos negativos del capitalismo, pero sobre todo dos típico en este sistema: el paro crónico y la inflacción. Como consecuencia directa ha aumentado la marginación social.
En concreto, por ejemplo, si nos referimos a nuestro país (y no quiero referirme a otro porque todos estamos pringados de parecida mierda hipócrita) observamos que en nuestra sociedad se dan los siguientes fenómenos negativos y, por consiguiente su acumulación y sus nefastas consecuencias: injusticias sociales, inflacción, explotación inhumana e irracional del hombre por su semejante, subsueldo y subconsumo de los trbajadores, regateo en obras sociales, privatizaciones sin ton ni son, recortes en presupuestos sociales, despidos masivos, huelgas, manifestaciones, incumplimiento de promesas y programas electorales, desigualdades sociales, paro, hambre, marginación social,... ¿Esto es democracia?.
Es triste que todo esto suceda en un país que lleva poco tiempo de singladura democrática. Y que en este período se haya extendido con pasmosa rapidez un capitalismo salvaje (motivado por la inoperancia del gobierno en materia de protección social) que ha arruinado las libertades individuales de quienes no pueden competir en igualdad de condiciones a otro tipo de ciudadanos.
Es curioso, así mismo, comprobar cómo a medida que la ¿democracia? Avanza (o retrocede, no tengo muy claro lo que realmente sucede), se observa una creciente intolerancia de las instituciones gubernamentales hacia las libertades individuales y las reivindicaciones sociales de los marginados que constituyen el tapiz demográfico del país.
En cualquier caso, ya no es sólo la sociedad injusta e insolidaria la que genera esta marginación social, sino también el opresivo Estado. Por eso, en este mismo sentido, recuerdo una cita de Johan Kasper Schmidt, más conocido por el pseudónimo de Max Stirner (1806-1856), filósofo alemán: “EL ESTADO LLAMA LEY A SU PROPIA INJUSTICIA Y DELITO A LA DEL INDIVIDUO”.

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